Christine Hope Art

Creando Desde el Corazón: Mi Viaje con Reflejos del Alma

¿Alguna vez has sentido la presión de seguir modas y olvidar tu verdadera pasión?

Hay algo realmente liberador en escribir, en expresar en voz alta los pensamientos más profundos. Es un acto de vulnerabilidad y autenticidad que, para mí, resulta bastante especial. Poder compartir esos pensamientos con vosotras es un privilegio que cada día estoy aprendiendo a valorar más. Esta semana he estado reflexionando sobre muchas cosas, desde los pequeños momentos de inspiración diaria hasta los grandes desafíos que toca enfrentar a diario. Al final, me he decidido por hablar sobre algo muy cercano a mi corazón: mi Colección Reflejos del Alma.

La primera ilustración que pinté de esta colección fue Luna. Todas y cada una de las obras de la colección son especiales para mí porque en cada una he puesto especial cariño y dedicación. He procurado que todas ellas muestren algo que admiro en las mujeres y rasgos de carácter que aspiro a alcanzar. Además, cada obra cuenta una historia de amor; algunas hablan del amor romántico, mientras que otras abordan un tipo de amor que a veces pienso que es aún más difícil de conseguir: el amor hacia una misma.

Luna fue la obra que me hizo detenerme y reflexionar sobre el rumbo de mi carrera artística. Tras mi primer trabajo en una editorial y mi participación en eventos y ferias, quedé enganchada al mundo del cómic y la ilustración.

Al principio, me esforcé en llevar ilustraciones propias a las ferias, intentando hacerme un hueco con mi estilo y mis historias. Sin embargo, resultó ser un desafío mayor de lo que había anticipado. 

La mayoría de las personas que visitaban los stands buscaban fanarts de personajes ya conocidos, figuras cuyas historias ya habían llegado a sus corazones y con quienes podían empatizar.

Por lo que no dude en comenzar a llevar ilustraciones de personajes populares que me gustaban, y menos obras propias. Fue emocionante ver cómo empezaba a hacerme un hueco en las ferias y sentir que mi trabajo era valorado. La sensación de reconocimiento fue tan adictiva que, sin darme cuenta, me fui olvidando de mis propios personajes y sus historias. Comencé a pintar tantos fanarts que rara vez tenía tiempo para crear mis propias obras. Mi obsesión se había convertido en tener todos los personajes de moda y ganar visibilidad en las redes sociales.

Había estado tan volcada en crear ilustraciones que me olvidé de por qué pintaba en primer lugar y de lo mucho que me gustaba crear. No puedo señalar el momento exacto, pero con el tiempo, ese pequeño vacío en mi interior fue creciendo, cada vez que me dejaba arrastrar por la presión de tener novedades. Un día, mientras colocaba mi stand para una feria, rodeada de personajes que amaba pero que no eran míos, mi cabeza hizo clic. Me di cuenta de que, aunque estaba aportando una nueva perspectiva a personajes conocidos, eso no era suficiente para mí. Después de ese fin de semana, comencé a hacer bocetos de lo que realmente sentía y de las historias que quería contar. Y entonces, ya no pude parar.

Es cierto que en una feria de cómic la mayoría de la gente puede preferir personajes que ya conocen. Pero esa era la clave: los preferían porque ya los conocían, porque se habían identificado con ellos y porque esos personajes los habían acompañado en momentos especiales. Comprendí que al centrarme en pintar personajes ajenos y dejar de lado los míos, estaba saboteando toda oportunidad de que el público conociera las historias que mis obras podían contar. Había hecho todo mal; no tenía que dejar de crear mis propias obras, sino ayudar a la gente a conectar con ellas y darles la oportunidad de conocerlas.

Fue entonces cuando Luna marcó un punto de inflexión en mi vida artística y personal. Con esta ilustración, pude reconectar con mi verdadera esencia como artista, dejando atrás las presiones externas de las ferias y redes sociales. Luna me permitió redescubrir la alegría de pintar desde el alma, sin preocuparme por seguir modas o expectativas. A través de esta pieza, volví a encontrar mi voz y a recordar la importancia de crear arte que reflejé mis propias emociones, inspiraciones y aspiraciones.

Pero antes de volcarme del todo en ellas, fui creando más obras que capturan momentos y aprendizajes significativos de mi vida. Una de las primeras fue Entre el frío de tus brazos, que narra una relación que viví y que me hizo comprender la importancia de elegirme a mí misma. Esta obra es un reflejo de una experiencia personal profunda de la que os hable en una entrada anterior.

A estas dos obras le siguieron Gracia y Coraje, con la que aprendí que a veces la verdadera fuerza reside en los corazones más suaves. Esta ilustración representa la valentía que muchas veces se oculta tras una apariencia delicada y cómo la gracia y la dignidad pueden ser una forma poderosa de resistencia.

Luego vino Resplandor sereno, mi tributo a la fortaleza que se encuentra en la serenidad y el amor al prójimo. Inspirada en todas aquellas mujeres que brillan al ayudar a los demás, esta obra celebra la luz interior y la paz que se irradia cuando uno está en armonía consigo misma y con el mundo que le rodea.

Madame Butterfly me enseñó a explorar la conexión entre la suavidad y la fuerza interior, y a encontrar significado en los momentos efímeros de la vida. Esta obra refleja la belleza y la fragilidad de lo transitorio, y cómo cada momento tiene un valor incalculable. 

Dato curioso de esta obra. La inspiración me vino durante mi primer evento en Paris.  Pasear por sus calles, la luz que tan especial de la cuidad, su moda…Todo ello me ayudo.

Belleza Natural es una obra inspirada en la naturaleza. No sé a vosotros, pero a mí me encanta el campo. Uno de mis sitios favoritos para veranear está en una pequeña aldea de Asturias. Allí, mi forma favorita de pasar el tiempo consiste en sentarme en la toalla frente al mar y pintar hasta que desaparece el sol. Durante el mediodía, en lugar de echarme una siesta, algo de lo que no soy muy fan, cojo la cámara de fotos y salgo a andar por la montaña. Pero antes de que me desvíe demasiado, os cuento por qué esto es relevante. Si os gusta la naturaleza y os fijáis, no hay nada perfecto en ella: las plantas crecen de forma descontrolada sin ningún patrón y, aunque veas dos robles, nunca verás dos iguales. Todo esto me llamó la atención porque, a pesar de su imperfección, es precioso. Sin embargo, cuando se trata de los seres humanos, tendemos a maquillar todas esas imperfecciones que nos hacen tan especiales.

Este tema me resultó fascinante y disfruté mucho creando una obra inspirada en la belleza natural. Belleza Natural es una celebración de nuestras propias imperfecciones, de la singularidad que nos define y de la autenticidad que nos hace únicos. Aunque una obra no es suficiente para capturar todo lo que quiero expresar sobre la belleza imperfecta, es un tema en el que profundizaré más. 

Necesito crear más obras de mujeres preciosas e imperfectas, mujeres que llevan la auténtica belleza por bandera. Así que aquí tenéis un pequeño spoiler de lo que podéis esperar en una de mis próximas colecciones.

En esta ocasión, la entrada de hoy se ha extendido más de lo habitual, pero sentí la necesidad de compartir con vosotras la historia detrás de las obras que componen la Colección Reflejos del Alma. Con esta colección, me reencontré a mí misma y pude comenzar este bonito viaje con vosotras.

Mi deseo es que cada una de estas obras encuentre a una persona que aprecie la historia que lleva consigo, alguien que quiera llenar su hogar de fuerza y vulnerabilidad, comprendiendo que ser valiente implica aceptar y mostrar nuestras propias debilidades.

Así que, antes de despedirnos, recordad:

Ser vulnerables nos hace humanas. Ser humanas nos hace PODEROSAS.

Nunca dejes que nadie te haga creer lo contrario.

Nos leemos pronto, ¡con mucho cariño!

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